25 mar. 2008

El Último Héroe

Os voy a contar una historia, como hacen los abuelos con sus nietos en la cama, como hacen los bardos que van de aldea en aldea y de posada en posada. Os voy a contar la historia aunque yo no tenga nietos que dormir ni parroquianos que quieran invitarme a una ronda de hidromiel por alegrarles la velada. No. Mis palabras simplemente están destinadas a diluirse en el aire, condenadas a no ser nunca oídas con el mismo sentimiento con que yo las cuento.

En fin... qué más da.

Érase una vez, un niño pequeño, de sonrisa pícara y grandes ojos de un marrón tan oscuro, que parecía negro. Ese niño, como todos los de su edad alrededor del mundo, tenía héroes. Héroes de tinta y de color. Héroes maravillosos que escapaban de las explosiones sin despeinarse un solo cabello. Pero también tenía otro héroe. Un héroe distinto, de carne y hueso, capaz de hacer cosas que nadie más podía hacer y sin superpoderes, sin vista térmica, sin hipervelocidad, sin telas de araña ni telequinesia. Y el niño no entendía porque esos héroes tenían series en la televisión, gozaban de fama y fortuna, y su héroe real, el que le saludaba cada día con una sonrisa, no tenía ni una cosa ni la otra. Pero no le dio importancia. De todas formas, él era pequeño y no entendía el mundo de los mayores.

Pero el tiempo pasa y pasa para todos. Los pájaros cambian sus plumas, los árboles pierden sus hojas, los sabios aprenden de lo que no sabían y los niños crecen. Y cuando los niños crecen, tarde o temprano descubren que han vivido mirando el mundo a través de un velo rosa, y se lo quitan.

Y, aunque lo que ven les asusta, los horroriza, no les gusta, ya no pueden volver a ponerse el velo, que una vez en sus manos, se disuelve y se les escapa entre los dedos, como el agua de un río o la arena de la playa. Y los niños se ven acribillados por sus propias lágrimas, y al gritar de dolor, se encuentran que no son niños, que son hombres. Y comienzan a deshacerse de los héroes; los de tinta china se convierten en garabatos sobre una hoja, los de la pantalla del televisor, en actores contratados... y los de carne y hueso... los de carne y hueso, al desnudarse de la admiración que despertaban, quedan como lo que eran. Hombres normales. Humanos vanidosos y egoístas, hedonistas sin remedio que nadie pondrá nunca en un cómic o en la pantalla del televisor porque no son héroes ni nunca lo fueron.

Pero si el tiempo sigue girando, y los héroes siguen cayendo en el abismo total y destructivo del olvido, llega la peor noticia para el niño que escondemos dentro, el puñal que no atraviesa nuestra carcasa de hombres adultos pero que se clava sin dificultad en la tierna carne de los niños.

Y nos damos cuenta que el hombre a quien una vez admiramos, idolatramos y quisimos emular se ha convertido en todo lo contrario. Que no es digno siquiera del mismo aire que respiras, que no se merece dirigirte la palabra porque tú no serás un héroe pero, definitivamente, él tampoco.

Entonces, sólo queda sacudir la cabeza y pensar que nosotros no cometeremos los mismos errores y que tal vez, sólo tal vez, dentro de unos años, quedará un sitio en las pantallas, o en la esquina superior de la página 43 de un cómic para nosotros, que nunca tuvimos un peinado inmune a una explosión nuclear, ni superfuerza, ni ultra-agilidad. Pero tuvimos un pasado del que aprender, unos errores que no cometer y el deseo, lleno y sincero, de no defraudar a ese niño de sonrisa pícara y grandes ojos de un marrón tan oscuro que parece negro.

Quizá, dentro de muchos años, sonreiremos al recordar porque miraremos al espejo y nos diremos.

"Tú sí. Tú sí que lo has hecho bien. Enhorabuena."

Y seremos el último héroe de carne y hueso de un niño que se quita su velo rosa.

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17 mar. 2008

Rescoldos

En los rescoldos de este imperio que se hunde,
restallan tres disparos buscando un corazón,
es la carne vuelta pólvora,
es la luna medio llena,
es la muerte ensangrentada.

Se despereza una sonrisa en el asfalto,
pero esta soledad que me abruma
sólo muestra los dientes de una fiera,
y no hay caballo que me aleje
ni muros que me protejan.

Tal vez necesite una palabra,
algo más, un conjuro silencioso,
para aterrar a la Parca y su guadaña,
o esconderme bajo un manto negro
para que venga la noche
y no me vea.

En los rescoldos de este imperio que se hunde,
no hay silencio escondido en la maleza,
tan sólo dos fogatas que me miran,
tan sólo una lágrima que me deja
tan solo.

Y renace el dios en que no creo,
empapado de farola y vino tinto,
ofreciendo en su seno una respuesta
que no responde a mis preguntas de alma rota
ni al ladrido de los perros que, conmigo,
aúllan cada noche a las estrellas.

En los rescoldos del imperio que se hunde
se abrasa el temporal de mis palabras,
y el obsceno brillar de las pupilas
de los lobos que domestican la noche
me alumbra en los portales en que duermo.

En los rescoldos de ése imperio que se hunde
y, a pesar de todo, permanece,
se suicidan las certezas que yo tuve
y descubro en el vaho de los cristales
las mentiras del frío que creía
que con el tiempo y mi piel no me afectaba.

En los rescoldos del imperio que me hunde,
descalabro el rumor de mis palabras,
que se rompen en añicos al tocarlas
el silencio infantil de aquel imperio
de rescoldos de mi vida que se hunden.

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10 mar. 2008

Carretera abierta

Como siempre, voy más solo que la tuna,
emborronando mis consejos
en la barra de algún bar.
Y le tiro piedras a la luna
que se marcha aún más lejos
pa' que no le pueda dar,
sobre huesos de aceituna
me resbalo en cada espejo
desnucando mi pesar,
¡Extremoduro a la una!
que me estoy haciendo viejo
y ya empiezo a razonar


Sálvame de las resacas
que he escondido en las botellas
y no vayas a olvidar
que he cogido un par de facas
y no sé qué hacer con ellas
si morirme o matar.
Voy huyendo de las tracas
que explosionan en mis huellas
sólo me queda bajar,
que si voy por las cloacas
no me ven ni las estrellas
cuando doy un paso atrás.

Si amanece en mi camino
me iré a pecho descubierto
de espaldas a la ciudad,
conjugando en femenino
las palabras que no he abierto
y los versos de mi morral,
que se joda el adivino
que dijo, estando yo muerto,
que no iba a resucitar.
No sabe que mi destino
aparte de soñar despierto
sólo es rodar y rodar.

Como siempre, río arriba,
nadando contra corriente
entre la orilla y el mar,
por la senda más furtiva
donde nunca pasa gente
digna al menos de olvidar.
Voy gastándome en saliva
la fuerza de ser valiente,
pero aún puedo escapar
con el alma en carne viva,
con los labios de serpiente
y una historia que contar.

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6 mar. 2008

Me sobran primaveras

He bordado en las persianas
un par de labios de cristal,
pa' que el sol cada mañana,
al entrar por mi ventana,
me dé un beso al despertar.

He vestido de ramera
a todas las olas del mar.
Hoy me sobran primaveras
para entrar por las gateras
de los portales de atrás.

Esta noche he revestido
de espinas mi corazón,
y entre muros lo he metido,
pa' que si grita no haga ruido
en su cárcel de hormigón.

Que si me encierro en el "tigre"
desgajándome la voz,
la luna y yo seremos libres
pa' volar como dos buitres
buscando un solo rincón.

Voy a prenderme en las solapas
un par de florecillas guapas
que ladren como chuqueles
aullándole al sol.

Que hoy me sobran primaveras
para entrar por las gateras
y dormirme en los laureles
de mi habitación.

Estoy harto de hacer cruces
donde clavarme a descansar,
si me emborracho con las luces
me da igual darme de bruces
con la puta Gran Ciudad.

Y si la noche se me acaba
romperemos el reloj,
descubriendo por las bravas
que no lo necesitaba.
Ahora estoy mejor.

Sin grilletes, sin cadenas,
sin horarios, sin bozal,
sin saber si la luna llena
es rubia platino o morena
a mi me da igual.

Que me sobran primaveras
pa' saber jugar al gua,
y esta noche el mar espera
que yo suba la escalera,
sin mi soledad.

Voy a prenderme en las solapas
un par de florecillas guapas
que ladren como chuqueles
aullándole al sol.

Que hoy me sobran primaveras
para entrar por las gateras
y dormirme en los laureles
de mi habitación.

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1 mar. 2008

A bocajarro

Hay en mi pecho un beso de acero,
viene la noche a bocajarro,
los chuqueles ya no ladran a la luna
y en las calles vociferan
tres disparos de silencio.

Cuenta una columna negra en el 20minutos
con el que se arropan vagabundos de cristal,
Que han hallado muerto
a un dios beodo en Wall Street.

Pero nada dice de mi cadáver desnudo
de la cárcel de alcohol en la que yazgo
empapado en luz de luna y sangre seca,
atravesadas mis entrañas por tres besos
que llegaron a mi torso a quemarropa,
y me dejaron mudo y ronco contra el suelo,
desgajando las migajas de tu ausencia
en las fotos escarchadas del invierno.

Que esta noche ha venido tu fantasma,
que esta noche se marchó tras dispararme
tres recuerdos y dos besos de aguardiente
tres bocados de silencio a bocajarro.

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