2 may 2010

En picado

Espadas fantasmales se clavan en mi pecho,
llevadas por manos que huelen a alquitrán
y profanan cementerios de arlequines.

Camino por mi senda desastrada.
Mil tréboles negros retroceden.

Anoche el mundo era un desierto,
la luna, una mentira.

Lucha sin piedad,
Dios contra humano,
sin salida.
¿Quién gana?
Nadie.

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