14 jul. 2010

La última pluma

He dejado caer la última pluma de mis alas
en el hueco que dejan los coches tras la lluvia,
para que no se moje,
pero que no me quiera,
pero que no me olvide.

Tal vez venga un jilguero y se la lleve.

tras el vaho de los cristales,
la tarde caerá sobre mi pluma
tan triste de tinta reseca
que ni ama ni escribe.

Atrás queda un verso inacabado,
una historia solamente escrita a medias
y un borrón en medio folio en blanco
con la extraña forma
de un as de picas.

Pero mis manos vacías
ya no encuentran la forma del nido
que ya una vez acogió palomas
que escapaban de la noche.

La soledad de la ciudad
tinta cada borde de mi espejo
con el azul más oscuro que conciben
los ángeles a los que robé las alas.

Mi última pluma tiembla bajo la lluvia
y la noche viene a devorarme.
Cierro los ojos.
Y que no me vea,
y que no me quiera,
y que no me salve.

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