28 abr. 2011

Los meses de un amor

Despierto entre las brumas de tu ausencia
y un verbo reverbera en los cristales,
parando los relojes otoñales
que duelen disparando sin licencia.

No quedan más que sombras en herencia
del triste calendario de retales
que siguen los instintos animales
de un alma que desangra su impotencia.

Si cruza por detrás la primavera,
abril clava sus dientes en la acera
y mayo, a la que nace, no respira.

Las pieles de un adiós que llega tarde
esconden, con excusas de cobarde,
los meses de un amor que era mentira.

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24 abr. 2011

A viento y marea

El viento ha traicionado a la marea
que amó con su locura desatada
y todo lo que siente queda en nada,
perdiendo la razón lo que desea.

Despecho engalanado en mies de anea,
latidos que complican la alborada,
la noche hunde el azar y la mirada
del aire triste en un pozo de brea.

No es que el viento no quiera ya a las olas,
es sólo que prefiere estar a solas
rumiando un pentagrama de trompeta

que unirse con la espuma desabrida
de un mar que hace ya tiempo le dio vida
y hoy sólo le da huecos de maleta.

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20 abr. 2011

El mundo se reduce

El mundo se reduce a una mota
del polvo que empañó mis anaqueles
y estalla al encontrarse con mis hieles,
el mundo se reduce, luego explota.

Y un mar que va muriendo gota a gota
en un cubo de Rubik con papeles,
se ahoga en el calor de los hoteles
que apestan a burdeles y a derrota.

Tal vez el mundo estalle por instinto,
el mar se funda a gris por los costados
y logre desfondar la inspiración.

Mas no hallo otra verdad que ser distinto,
llenar con humo de tinta y pecados
el aire inane de esta habitación.

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16 abr. 2011

Tinto y azul

Tinto y azul, maravillas de bar
sobre un papel empapado en alcohol,
mientras un saxo rompe un si bemol
y un camarero me invita a soñar.

Tinto y azul, pesadillas de hogar,
ruinas de tristes relojes de sol,
la luna sabe jugar de farol
si el tiempo estalla a los pies de un billar.

Medio saludo al sacarse el bombín,
dedos de ron, corazón de arlequín,
reyes de Troya, princesas de Ur.

Barras gemelas, mil litros de sed,
una duquela enganchada a la red
de un hielo triste que viaja hacia el sur.

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14 abr. 2011

Un romancero de cuerpos

Un romancero de cuerpos,
una lunita encantada,
un mercader de los sueños
que navegan por mi almohada.

Un río de oro y de peces
descendía por su espalda,
y dos besos tartamudos,
suavemente, lo cerraban.
Por los bordes de la noche
se apagaban las palabras,
y cuatro versos callados
se apostaron en la cama
rompiendo con su silencio
el idioma que me daba
en catorce amaneceres
sin luces, ni sol, ni nada.

El tiempo se hizo incansable
alargándose hacia un alba
que avisaba en los cristales
pero que jamás llegaba,
el aire se hizo costumbre
de una boca desbocada
y los ángeles perdidos
tocaban en la ventana
sin saber pasar adentro,
mirando como miraban
un romancero de cuerpos
con dos pieles que rimaban.
Los termómetros hervían
y una sábana entre llamas
cayó, herida de muerte,
sin que a nadie le importara.
Reclamaron su trofeo
las caricias descarnadas
y un bramar de alas de albatros
estalló bajo la manta
arrancando de mis manos
su piel de ternura y agua
y dejando en el ambiente
seis suspiros con su danza.

Un romancero de cuerpos
se agolpaba en la garganta
estrellando en el silencio
las luces, el sol... la nada.

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7 abr. 2011

Civilización

Bienvenidos a esta civilización
de flores envenenadas,
sin fragancia ni raíces ni calor.

Civilización de Imperios de lo Insensible,
de la larga carrer atrás del himno verdadero,
del grito de batalla que enarbolamos todos alguna vez,
de la palabra huérfana y sin amantes
que parece, tristemente, un cementerio de bufones.

Bajo los escombros de la ciudad,
late el despojo de lo que fuimos,
solitario y nauseabundo,
esperando tal vez una mano,
o una legión de ellas,
que lo resucite sin ambages.

Mientrastanto, nos hundimos,
nos ahogamos en la negrura espesa
sobra la cual nadie nos enseñó a nadar,
y caemos,
y perdemos,
sin luchar.

Así es, así somos y así será.
Caminando entre leones y gacelas,
sin un mal espejo que llevarse a la cara.

Sean bienvenidos a la civilizción
y pasen hacia el fondo,
que siempre hay sitio.

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3 abr. 2011

Verso de estación

Perdí en Babel tus cartas y mi espada,
de tanto despedirme en los andenes,
pintando mis adioses a tus trenes
con una mano muda y descarnada,

que grita sin decirme nunca nada,
callando las preguntas que contienes,
A dónde voy yo y tú de dónde vienes,
con tu vieja maleta desconchada.

El barrio que escapó por los cristales
se lleva cada foto, cada herida,
dejando una mentira en el rincón.

Y el verso que te incluyo en mis postales,
si huele, o lo parece, a despedida,
es que es un verso triste de estación.

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