29 nov. 2011

Sería tan fácil

Sería tan fácil
asomarme a la ventana
y abrir las alas y encontrar un cielo nuevo
tras esta mentira de algodón blanco y sin vida.

Tan fácil como dar un paso adelante,
como alejarse lentamente
de puntillas sobre el tiempo,
y empotrarse sin auroras
en el alma incandescente de un reloj
que late,
o que lo intenta
sin conseguirlo.

Sería tan fácil
empezar de cero

Sería fácil,
y no existe musa ninguna, eterna y despistada,
que apueste un solo kópek por lo contrario.

Sería tan fácil
como reducir a cero
ese infierno de "por qués" que no claudica.

Tan fácil como latir,
como respirar,
como cerrar los ojos.

Sería tan fácil y sin embargo
no me atrevo ni a intentarlo
por miedo a fracasar.

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27 nov. 2011

Un adiós azul

Afilo las esquinas del carné
huyendo de la ausencia y del regreso,
y el pálido alcanfor de cada beso
da vueltas y se ahoga en mi café.

Y preso de la herida de un porqué
y el triste adiós azul que dejo impreso,
con este rechinar de hierro y hueso
auspicio mala sangre a mala fe.

Tal vez más fácil sea no olvidar,
vestirse cada noche con el mismo
esmoquin de gastada piel desnuda

y no huir de estas ganas de llorar
dejando atrás el frágil espejismo
de un alma que blasfema y pide ayuda.

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23 nov. 2011

Inventariario

Este esmóquin desgastado,
estas ganas de llorar,
estas rimas sin curar,
esta espina de pecado,
este rock desafinado,
esta vil clave de jazz,
este verso a medio gas,
este Mario Benedetti,
este córner del Atleti,
este menos, este más.

este metro sin vagones,
este andén de la estación,
este pobre corazón,
este libro de oraciones,
esta copia de mis clones,
este traje de arlequín,
este aroma de alperchín,
esta deuda en el estanco,
estas páginas en blanco,
este checkpoint, este fin.

Este espejo de espejismos,
este intento de tragedia,
este link de wikipedia,
esta vuelta a los sofismos,
estos tercos eufemismos,
este haiku, este guaroj,
esta esfera de reloj,
este abyecto abecedario,
este indómito inventario,
que he volcado en este blog

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19 nov. 2011

Como dicen los que aman

La ciudad ladra a todas horas,
pero vieja y sin alma,
como un perro cansado de ser un fiero guardián
cuando sabe que ya no hay premio al final de su ladrido.

No hay horas de sueño suficientes
en esta ciudad sin noche,
plagada de faroles insanos,
que roban el amor de las esquinas...
¿Me vendes sólo un poco de tu amor salvaje
allí en el segundo piso,
tercera puerta a la derecha?

Mientras, dices, como dicen los que aman,
si no me canso de este amor que no lo es,
de estos besos que no lo son,
de esta botella sin fondo,
de estas ganas de no creerme...
y yo te respondo tal y como responden
los que nunca amaron,
aunque yo alguna vez amé.

Por más que mi amor de ahora sea un amor sucio,
que dura lo que duran los vuelos de corales,
el choque de los planetas y lo dioses,
el eterno tensar de guitarras,
o la miserable admiración de los más novatos,
¿Cómo puedes tú desautorizar un amor que no comprendes?

Pues dices, como dicen los que aman,
que yo no amo.
Y yo te respondo tal y como responden
los que nunca amaron,
diciéndote que alguna vez amé.

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