21 ene. 2011

No hay lunas de miel.

Ahora que te olvidé, vuelves.
Vete antes de que lo recuerde todo y estalle.

No hay lunas de miel,
ni rosas engarzadas sobre mi cama.
Cada noche me acuesto sobre puñales
y las heridas se empeñan en ser
cada una de las dagas de su boca,
palabras desahuciadas
que aprendieron a dolerme.

No hay tequila ni humo en vena.
La noche es negra como sólo la noche sabe serlo,
y un armagedón de sollozos imposibles
rompe los relojes que me atormentaron.

Pero un día me sentaré sobre las luces,
y los recuerdos habrán desaparecido,
sus palabras se habrán disuelto,
y una risa desgarrada me dirá
que por fin aprendí a olvidarme.

Mientras tanto sigo necesitando de otras manos,
y no me queda más que el filo de una hoja emborronada
donde ni siquiera mi nombre encuentro
ni mi sangre encuentra alivio.

3 comentarios:

Indy dijo...

Así que las musas han vuelto, ¿eh? Me alegro ^^

Gracias por el comentario, tipo duro ;P

Anónimo dijo...

Porque yo nunca me fui, y porque no creo que pudieras dedicarme de verdad (a santo de que!) el poema ni esos dos primeros versos de la intro, si no ... ¡me daría miedo!
Hoy he estado en tu barrio.

Un beso ;)
B

Caronte dijo...

Gracias a las dos.
Obviamente, angelet, no va por ti.
Yo jamás te olvidaría... :*
Va por otra persona de la que ya te hablé en su momento. ;)