28 ago. 2007

A la muerte de Antonio Puerta

Menudas entradas más feas

hace, a veces, la vida

saltándose toda regla

cuando el árbitro no mira.

Voces de corte siniestra,

los chuqueles repetían

desde noches portuguesas

por toda Andalucía.

Bajo la luna lunera,

goles pedía Sevilla,

la Muerte arriaba las velas

pero nadie lo sabía.

La zurda de oro y de perlas

que la banda recorría

al ver la muerte de cerca,

acariciando sus mejillas,

se encontró, pues, con las fuerzas

justas para combatirla.

Pa’ no morderse la lengua

silenció la algarabía

acallando las trompetas,

los timbales y ocarinas.

Las gradas quedaron negras,

Y su mirada, perdida,

cuando al ruido de sirenas

supieron que ya se iba.

Luchó con todas sus fuerzas

pa’ no verse a la deriva

pero la muerte está muerta

y la vida le era esquiva.

Su último chut desde fuera

No encontró la portería.

Voces de corte siniestra,

los chuqueles repetían

desde noches portuguesas

por toda Andalucía.

Bajo la luna en tinieblas

vida pedía Sevilla,

la Muerte estaba despierta

pero nadie lo sabía.

Maldito penalti, Puerta,

del corazón que latía,

menudas entradas más feas

hace, a veces, la vida.

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