11 dic 2025

Rabia

 Me he escondido dentro de mí

para que no me encuentre la rabia

ni los silencios que me acechan

consigan arrancarme un grito.


Cada día que pasa

voy hundiéndome un poco más

porque la ira crece

con luces imposibles

que no dejan un rastro de sombra

y me empuja,

y me expulsa,

hasta que ya solo puedo sentirme seguro

en la negrura ingrávida del fondo.


Quisiera hundirme sin alejarme

pero jamás he sabido calcular las sensaciones

porque con ellas dos más dos 

no son siempre cuatro,

a veces tres,

a veces cinco,

a veces más de seis millones.


Quisiera hundirme sin alejarme

porque cuando los cometas hayan pasado

y el mundo recupere sus colores,

sus formas y sentidos,

el sol arriba en lo alto

y las sombras detrás de los cipreses,

necesitaré una mano que me salve.


Ahora, hoy, en este momento,

solo comprendo la ausencia de manos

y me acuno miserablemente

en el hueco de dos en concreto.


Sigo cayendo,

huyendo de la furia,

porque no la conozco y me da miedo,

no sé de lo que es capaz.

Temo,

quizá,

encontrármela de frente y descubrir

que tiene mi cuerpo, mi sangre,

y las manos que me faltan.

Temo,

en fin,

conocer,

que siempre ha sido mía.

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