20 oct 2008

Romance del mar y el marinero

Hay una historia escrita
con la punta de los dedos
en la arena de la playa
en que naufragan mil veleros.
Cuentan que fueron las olas
las que escribieron los versos
de aquel mágico romance
entre el mar y un marinero.
Lo contaban las gaviotas,
lo escuchaban los jilgueros
y un bramar de alas de albatros
se lo confesaba al cierzo.

Sucedió una noche oscura
en que el mar vistió de negro
y bailaba con la estela
de un fugaz barco pesquero
-¡Qué bonitas son las olas!
¡Qué bonito el mar abierto!
¡Qué penita estar a solas!-

susurraba el marinero.
-¡Qué bonitas sus palabras!
¡Qué desnudo está su pecho!
¡Qué penita que no me oiga!-

le decía el mar al viento.

El levante, enternecido,
resopló a carrillos llenos
y estrelló una ola de espuma
en el casco del pesquero
se alzaron mil gotas de agua
reflejando mil luceros
que escribieron en la noche
cada letra de un "te quiero".
- ¡Qué bonitas son las olas!-
Susurraba el marinero
-que parece que me digan
al oído este "Te quiero".


-¡Ya no me hables de las olas!-
Dijo el mar al marinero
- que hace que me sienta solo
en este frío y duro invierno.
- Pues ya no te sientas solo-

Dijo al mar el marinero
- que yo estoy aquí contigo
y tuyos son mis "tequiero".

- ¡Como un hombre yo te amo!
¡Como hombre yo te quiero!
Abre mi pecho y registra
y verás que soy sincero.-


Se escondieron las estrellas
en la esquina de los cielos
porque la luna lloraba
malherida por los celos.
bajo ella se acariciaban
en laberinto de besos,
las olas del mar alegre,
las manos del marinero.
- ¡Te maldigo mar antiguo!
No sabes qué estás haciendo
al prendarte de un mortal,
siendo tú, el mar, eterno.

Se detuvo el oleaje
se apagaron los luceros
lo que antes era espuma
se hizo un denso manto negro.
Supo el mar que era imposible
un romance duradero
y quedó desconsolado
sollozando y en silencio,
y lloraron los albatros
y campanas en el puerto
repicaron entre lágrimas
por el mar y el marinero.

- ¿Qué les pasa a tus olas?-
preguntaba el marinero.
- ya no le roban la sombra
a mi pequeño pesquero.
Y el mar no le respondía
abrazado a su silencio
no podía soportar
que su amor se hiciera viejo.
Y lloraba sus miserias
de maldito ser eterno,
enfadándose con todos,
con la noche, con el viento.

-¡Ya no me hables de las olas!-
Dijo el mar al marinero
- que hace que me sienta solo
en este frío y duro invierno.
- Pues ya no te sientas solo-

Dijo al mar el marinero
- que yo estoy aquí contigo
y tuyos son mis "tequiero".

- ¡Como un hombre yo te amo!
¡Como hombre yo te quiero!
Abre mi pecho y registra
y verás que soy sincero.-


Sollozó sobre la borda
con tristeza, el marinero,
que notaba que faltaba
algo dentro de su pecho.
y lloraba amargamente
y se hundía en su agujero,
mientras la luna reía
coronando un cielo negro.
pero el mar es mar rebelde,
y es que no estaba dispuesto
a olvidarse el corazón
y a acallar sus sentimientos.

Revivió el oleaje
y temblaron los cimientos
de la noche en que el mar
se prendó de un marinero.
se alzaron miles de olas
rompiendo el barco pesquero
con la furia de los mares
que provocaba hasta miedo.
- ¿Por qué intentas matarme?
¿No me quieres? ¿Qué te hecho?-
con la lágrima en sus ojos
preguntaba el marinero.

- lo siento, soy egoísta,
pero es que tanto te quiero,
que no puedo soportar
que te mueras siendo viejo
que te vayas de mi lado,
que te alejes de mis besos,
que una noche no te tenga
a mi lado mientras duermo.
abrázate a mis olas
yo te acogeré en mi seno
y serás tú como yo,
un bendito ser eterno.

-¡Y abrázate a mis olas!-
Dijo el mar al marinero
- para no sentirnos solos
en este frío y duro invierno.
- Para no sentirnos solos-

Dijo al mar el marinero
- yo me abrazaré a tus olas
y que no me encuentre el Tiempo.

- ¡Como un hombre yo te amo!
¡Como hombre yo te quiero!
Abre mi pecho y registra
y verás que soy sincero.-


Esta historia tan bonita
las olas la compusieron
en la arena de la playa
con la punta de los dedos.
Y en la mesa más oscura
del último bar del puerto
hay un pescador que cuenta
con sus dos labios tan viejos
que cuando hay mar arbolada
en el espigón del puerto
está haciendo el amor
el mar con el marinero.

13 oct 2008

Cada noche el viento

Cada noche, el viento,
baja de las montañas abrazado a las caricias
que recoge entre las hojas de los sauces,

Y las deja suavemente por el cielo
que va de tu ventana hasta la mía.

Pero nunca llega una
a mi cuerpo tan desnudo
como el hueco que has dejado entre las sombras.

Cada noche, el viento,
amarillea los narcisos de la fuente
abierta a tu reflejo y a la escarcha,
congelando dos lágrimas de agua
en la eterna nostalgia de tus dedos.

Continúa con su vuelo de corales
y al pasar ante el balcón que yo te he abierto
convierte mi desnudez en arenisca
desgranándola en la orilla de la playa
reservando solo un grano para tus labios.

Cada noche, el viento,
batalla contra mi cuerpo y nunca gano.

Será que las estrellas
me recuerdan a tus ojos.

12 oct 2008

Dos de picas

El cuchillo de cortar el pan
resbala de sangre seca
y gotea sobre un dos de picas.

Me duele la cabeza de mitos mal curados,
y late bajo mi piel una tijera de puntas abiertas.

Desguazado de gotas de lluvia borracha
y del color insensato de un humo cazalloso
vuelvo a perder de mano con tus besos.

Me he roto en las esquinas de la noche
buscando una pareja de corazones,
tal vez un seis de diamantes
en el fuego irreverente de tus ojos.

Y cada vez que me besas,
me duele guardarme bajo la manga
solamente un dos de picas.

Seré un número

Tal vez cuando desaparezca me convierta en un número. El cuatro no estaría mal.

No quisiera ser un tres. Todos los dioses de tercera fila (y nótese que para mí no existen dioses de primera ni de segunda) quieren ser siempre el tres, uno y trino, y lo hacen resultar un número pomposo y antipático. No, mejor un cuatro, me gusta más.

Me falta ambición para querer ser el número uno. También me sobra ego. No me cabría todo en el enclenque tallo de un uno. No, nunca me gustaron las cifras anoréxicas. Y es que tampoco se puede hacer mucho con el uno. Multipliques o dividas, se queda igual, y en sumas y restas el resultado casi no varía. Fíjate. Tan importante que se cree por ser el primero y resulta que es un número bastante inútil.

Contra el 6 no tengo nada, si acaso, que no se cuida lo bastante. Es una cifra muy dejada y tampoco quiero convertirme en un número tan fondón. El siete no me gusta. Demasiados ángulos, parece una cifra hostil, como un señor de enmarañado bigote que te mira mal. No me agradó jamás mirar fijamente un siete. Me daban escalofríos. No quiero dar escalofríos después de muerto, para eso me convierto en un fantasma, y no en un número. Y a mí me gustaría ser un número.

El 8 y el 9 son demasiado complejos, muchas curvas, muy cerrados, y demasiado altos. Ya tengo yo bastante con mis propios traumas como para cargar con más cuando desaparezca y se me ofrezca convertirme en fantasma o en número o reencarnarme en alguna alimaña de alcantarilla (mis buenas acciones no creo que den para más. Una rata, o una serpiente todo lo más. Convertirse en cocodrilo sería una gran emoción.)

El 0 es un egocéntrico. En las multiplicaciones sólo quiere salir él, él y él. Y además va soltando por ahí que en los números en que aparece son números redondos. Sí, claro, como si él tuviera más curvas que un 3. Aunque claro que quiera un poco de atención. Cuando toca ponerlo a la izquierda de un compañero, todo el mundo se olvida de él. Pobre cero… ¿Se imaginan lo difícil que debió ser su infancia? No. No quiero ser un 0 para nada.

Por otro lado, el 5 es un aburrido y un metomentodo. Siempre en medio, y siempre haciendo lo posible para favorecerse a sí mismo o a su gran amigo el 0. Posiblemente sea el único amigo del cero. Pero yo no quiero amigos así cuando me convierta en un número. No. No me gustaría ser un 5.

El 2 también me cae bien. Parece simpático, con su perfil de patito feo, además, nunca nadie se fija demasiado en él, teniendo tan cerca a su prepotente hermano 1, y eso, para pasar desapercibido como me gusta a mí, viene bien. Un 2 ó un 4. Bueno, el 4 son dos doses. Dos por dos o dos más dos… lo hagas como lo hagas, el cuatro es doblemente dos. Y eso me gusta.

Sí. Un cuatro estaría bien. Me gustaría ser un cuatro.

Mares de aceite

Mares de aceite
olas de sal
donde naufragan corazones que se pudren entre el moho.

Cortinas de luz blanca, cruel y mentirosa,
que vende una perfecta pulcritud
con las manos teñidas de la sangre
de treinta mil ilusiones sin precio a convenir.

Mares de aceite
ruinas de sal,
que asfixian las almas que enterraron en la carne.
Carne de piel cruda, muerta y obscena,
carne de cañón con sonrisas tatuadas
y lágrimas escondidas.

Mares de aceite,
estatuas de sal,
que tratan de aguar la sangre
en la que humedezco mi pluma.

Y mastican las esquinas de su rabia
porque se dan cuenta que su sal
no absorberá jamás mi tinta
ni su aceite emborronará
el papel en el que escribo.

9 oct 2008

A mis 21

A mis 21, mi gente se ha enrollado y le ha puesto seis cuerdas a una guitarra muda y vieja que había por casa para que éste que aquí escribe cumpla su tan repetida ¿ilusión? ¿promesa? ¿amenaza? y aprenda de una santa vez a tocarla. Una buena forma de entrar en mis 21.

También, como ya tengo 21, he cambiado de marca de cigarrillos. El frecuente “Lucky Strike” ha dado paso a los “Black Devil”, una marca de cigarrillos barata y con cierto sabor a chocolate (del que se come, no del que se fuma). Que ya no tengo los locos años 20 y habrá que ganar algo de estilo, que vamos teniendo una edad.

Mis 21 me han pillado lejos de la ciudad que me vio nacer y en la que había vivido casi enclaustrado. A 200 kilómetros al norte de Valencia, vivo mis 21 como si fueran mis 20, que tampoco han cambiado tanto las cosas.

Porque a mis 21, el sol sigue saliendo por el este, la luna llena sigue tocando una vez al mes y yo sigo teniendo la misma crisis literaria que el año pasado. Y yo esperando que las musas me hicieran un regalo de cumpleaños. Bendita inocencia.

Sigo siendo todo un ingenuo a mis 21.

1 sept 2008

Un cigarrillo en mi ventana

Callad, estrellas,
y tras el crepitar de la ceniza,
se tiñó de silencio el firmamento.

Danza, Luna,
y el humo vistió de tules
a una luna desnuda y bailarina.

¡Vive!
Y el hombre niño abrió los ojos
y sonrió.

28 ago 2008

Tal vez volar

Se trata de abrir dos alas como cuchillos
para rajar las nubes y meter distancia
entre yo y una rutina
disfrazada de peatón.

Cortar el cielo y ser un dios como una casa
en la casa de los dioses,
un Olimpo miserable de demiurgos olvidados
que mendigan un pedazo
de nuestra irreverente compasión.

Se trata de dormirse camino a la luna,
y despertar entre tres soles ambarinos
uno entre olas,
otro desnudo,
y un tercero abandonado
a la luna de un cristal.

Se trata de vencer las prohibiciones,
de enterrar la ciencia antigua
a la sombra de un manzano
y ser un cierzo aventurero
que se rompe a medio camino de un sur salvaje.

Se trata de ser libre,
saltar por encima de la aurora
y tal vez volar.


16 ago 2008

No son focos o sol, son sólo fósforos

Por lo pronto, compongo con honor
los monólogos por todos los foros,
corroboro, no clono como loros,
yo los obro con polvo y con dolor.

No sollozo, como otros, por folclor,
por dos votos robots con tontos coros,
no provoco ojos rojos con dos lloros,
los controlo, los gozo con color.

Los forofos son bobos, son monótonos,
sólo ronco, son como cloroformo,
no soporto los bobos con condón.

No propongo los tomos como horóscopos
no los compro, yo los monto o los formo,
sólo yo solo. Yo solo con ron.

15 ago 2008

Me muero de sed

 

 

Amanece y las olas
Se han cansado de mí
Despierto confuso
¿Qué coño hago aquí?

un mordisco en el cuello,
no recuerdo quien fue,
aún me queda en los dedos
el verso de una mujer,

y tengo los labios
perladitos de arena
juraría que anoche
besé una sirena.

Quizá fueras tú...
No puedo pensar...
Me quema la luz...

Me muero de sed...
me quema la luz...
y yo ya no sé
si estoy de resaca
o me he vuelto un vampiro
¿Donde está mi ataúd?

De tanto beber...
Dejé de olvidar...
Volví solo a casa
y la luna me dijo
"Te invito a soñar"


¿Dónde he dejado tus besos?
¿Dónde estaba mi hogar?
No sé dónde me encuentro,
éste no es mi portal.

Me emborracha la noche,
me mata el despertar,
los perros en los balcones
me escuchaban aullar.

Y ladramos a coro,
y se incendió la ciudad,
de un caer de luceros
y de estrellas de mar,

que me vieron bebiendo
vodka y ron con la luna.
Si no estaba borracho,
tú no estabas desnuda.

Soy un duende del parque
¿Quien me trajo a la orilla?
¿Dónde está esa sirena
que se me postró de rodillas?

Ya no sé qué pasó...
¿Qué hago a orillas del mar?...
¿Quién escribió esta canción?...

Me muero de sed...
me quema la luz...
y yo ya no sé
si estoy de resaca
o me he vuelto un vampiro
¿Donde está mi ataúd?

De tanto beber...
Dejé de olvidar...
Volví solo a casa
y la luna me dijo
"Te invito a soñar"


Tal vez estaba borracho,
tal vez soñaba contigo,
pero tienes el pelo mojado,
y a mí me sobra colmillo.

y tengo los labios
perladitos de arena
juraría que anoche
besé una sirena.

Quizá fueras tú...
No puedo pensar...
Me quema la luz...

Me muero de sed...
me quema la luz...
y yo ya no sé
si estoy de resaca
o me he vuelto un vampiro
¿Donde está mi ataúd?

De tanto beber...
Dejé de olvidar...
Volví solo a casa
y la luna me dijo
"Te invito a soñar"

14 ago 2008

Un, dos, tres, cuatro, hamza

El sol brilla con tal fuerza en la parte izquierda del rostro, que obliga a entrecerrar el ojo, acobardado de los rayos del astro rey. Los pasos se suceden. Paso, paso, bote de pelota. Un crío corre calle arriba y un adulto le sigue, sonriendo. “Vamos allá”, una calle, otra calle, “calle Pintor Tusset”, “¿Sabes? Cuando jugaba al futbito en el colegio, al pasar por esta calle, me agachaba a tocar el asfalto para que me diera suerte”. El niño se agacha y toca el asfalto, y el joven adulto está tentado de hacer lo mismo.

Dos cuerpos pasan las puertas jalonadas de setos. Sigue el camino de baldosas amarillas, Dorothy, que te espera el mago de Oz. Y el mago de Oz es un crack con la camiseta de Zidane. “¿Qué tal, Jacky?”, “¿Hay partido?”. “¿Juega tu sobrino? ¡Kaká!”, “¡Aarón, ven aquí, que juegas conmigo!”, “¡Bieeen!”, “¿Cuántos somos?”, “¿Hamza-hamza?”. “Hamza-hamza”.

El balón sale del centro del campo. Un pie lo para, pase atrás, recorte, en profundidad, para, atrás, regatea, pasa, chut, fuera, “Ay… mamaverga… ¿Cómo fallas eso?”. “¡Aquí, aquí!”, “¡Cambia toda, Jacky!”. Jacky desobedece, porque el niño se desmarca y busca la banda en silencio. El balón sale raso, fuerte y en diagonal hacia él. La detiene, lejos de un defensa que se ha dado cuenta muy tarde. Le entra, pero el pequeño ha visto la jugada, la devuelve al centro y su tío la recibe. “Chufa, chufa”. El balón se estrella en el palo, la jugada parece salvada, pero de la nada aparece el pequeño Kaká, demuestra sangre fría, detiene el esférico, mira al portero y por su mente infantil sólo cruza un pensamiento, que se reduce poco a poco al único espacio donde el portero no va a llegar.

Golpea. El balón se cuela y el crío salta y grita sonriendo. Se abraza con su tío y vuelven corriendo a su campo, un gol no es nada, y ahora el otro equipo tiene que sacar.

Llegan más valientes, el balón salta de un pie a otro pie, tacón, exterior, punta… “¿De cuánto es el equipo?”, “¡Hamza-hamza!”, “Un, dos, tres, cuatro, hamza, ya estamos ¡Hay nuevo equipo! ¡Dos goles!”

Dos goles. El campo se transforma y de la nada surgen gradas atestadas, focos, cámaras de televisión, reporteros, periodistas, palco de honor y comentaristas. Surgen entrenadores que no dicen nada porque el equipo juega como ha de hacerlo, o eso creen ellos. Ya no son Dani y Andrés y Milton y Aarón, son Henry y Güiza y Raúl y Kaká. Y con ellos juegan Gallas, Zidane, Leyva, Zambrotta, Villa, Mutu, Ronaldinho, Eto’o… y Jacky, no olvidemos a Jacky que es el Sergio Ramos del equipo, que nunca marcará como Dani, ni regateará como Make, ni tendrá la clase de Cruz, pero nadie le echa más pelotas.

Pase, regate, más pase, intercepción, recorte, sube la banda, pase al centro, despeje, control, chut desde fuera, balón rozando el palo, “¡Uuuuuyyyy!”. Otra vez. Y más pases, más regates, más carreras, más entradas, más caños, más de todo… torsos desnudos, cubiertos de sudor, pantalones cortos empapados en gloria y cansancio. Gol, gol, gol… “¡Siguiente!”

Un, dos, tres, cuatro, hamza, “¿hamza-hamza, eh?”, ya se puede empezar. “Joder, Eto’o, qué malo que eres…”, “¡Cubrid a Cruz!”, “Cuida’o con Make”…

Y la tarde sigue, y el sol se derrama por el campo de fútbol sala, se cuece el fútbol en cada pie que acaricia la pelota. Gol, gol, gol… “Hamza-hamza”, despeje hacia lo alto, el balón atraviesa el cielo y hiere de muerte a la tarde, que agoniza mientras el balón continúa resbalando por el suelo.

Rugido, tronío, ¿voz de Dios?, No, sólo megafonía. “¿Ya son las ocho y media? Ahora enseguida nos vamos, Aarón.”. “Vayan saliendo, se van a cerrar las puertas del parque”, se va haciendo tarde y los más tempraneros se marchan. Sólo quedan dos equipos, hamza-hamza. El reloj sigue contando, un par de partidos más y ya son las nueve. “Venga, hasta otra”, “¿Bajas mañana?”, “No puedo, me voy de la ciudad.”, “Coño, ¿Dónde?”.

Hora de las despedidas, no me gusta, pero no queda más remedio, Jonathan se lo debe a Jacky, ese personaje que tan bien juega al fútbol y tanto bueno le ha dado a su creador.

“Venga, vámonos, Aarón… ¿Vendrás solo, cuando yo me vaya?”, “Si me deja la yaya…”.
Aún una pregunta queda en mi mente. ¿Cuánto hemos quedado?, ah, claro… Hamza-hamza… ¡Cómo no!

Oh, joder, ¡Cómo os voy a echar de menos!

8 ago 2008

Seres enclenques

el endeble que desee verme ennegrecer... ¡Never!

El que pretende verme en el estrés,
el que se bebe el semen del gerente,
el que deteste ver quererse gente,
el que se cree en el Everest.

Peleles, que les den de tres en tres,
eh, mequetrefe, éste es el presente
en el que vence el que es gente decente,
el referente, el best-seller del mes.

En este set, tendré que ser el Féderer,
desde el retrete, ese ser demente
cree merecer vencerme en este Edén.

El que desee que me frene, déjese,
que este rebelde hereje es, de repente,
el que de vez en vez vence este tren.

3 ago 2008

Batalla

Balas macabras, lanzadas a dar,
matan al alba las almas cansadas,
la Parca arrastra más las carcajadas
para rasgar la garganta a la mar.

Zarpas malvadas arrasan la lar
alzada para las hadas aladas,
clavan las garras a las blancas hadas,
sangra la carta sacada al azar.

Falsas palabras arrancan la máscara,
la maldad llaga la cara tapada,
basta la sal para la ácrata faz.

La daga, calmada, mancha la sábana,
tantas navajas ya clavan la nada.
Bajan las almas, abrazan la paz.

29 jul 2008

Triste Fin de una Historia de Amor y Desamor

Vino primero, pura, vestida de inocencia, y la amé como un niño. Nos fundimos en uno solo y firmé para ella la mitad que más me gustaba de mi alma. Debí haberle pedido lo mismo, pero quizá fuera que sabía en el fondo de mi ser que no me lo iba a dar.

Estaba ciego de no ver, y las noches pasaban con ella y conmigo riendo y buscando poemas en los cubos de basura. Llegué a creerme que todo aquello le divertía tanto como a mí. Pero fui estúpido, o ciego, o las dos cosas, que en el tema que nos ocupa vienen a ser lo mismo.

Escribí para ella los poemas más hermosos y sinceros que jamás mi mano logró firmar, pero nunca los agradeció, creí que su silencio era una muestra más de su humildad... ¡Cuán equivocado estaba! nunca jamás le importé, y yo seguía ciego y queriéndola, estúpido y amándola, loco y deseándola con todas mis fuerzas.

La amé locamente, como siempre he amado. Su belleza era todo lo que necesitaba para sonreír cuando, en las noches más oscuras, me veía atrapado en los callejones estrechos y malolientes de mi vida, creí que en su abrazo me reconfortaba, me amaba, pero sólo quería atarme más y más a su cruel desdén. Y yo la seguía amando, a pesar de todo, aunque no me mostrara cariño ninguno, yo simplemente pensaba que era una mujer difícil. Una mujer difícil que me amaba.

Me costó mucho abrir los ojos, fueron muchos los golpes que me tuve que llevar para aceptarlo. Muchos más de la mitad los recibí en el corazón. Y desperté del largo sueño de la ceguera. Abrí los ojos y descubrí las medias verdades que jamás contaba. No me quería. Jamás lo hizo... Y lloré, lloré como un niño, como el niño que la conoció, como el niño que ya no soy... lloré por ella una última vez.

Un día le dije "Te dejo", y no me contestó, sólo me obsequió con una fugaz mirada, acompañada de una sonrisa cínica, y siguió contemplando el mar que tanto le gustaba. No me creía capaz, y reconozco que yo tampoco me sentía del todo capaz cuando se lo dije.

Acabo de hacer las maletas.

Lo tengo decidido.

La dejo.

A lo mejor algún día vuelvo, pero entonces será ella quien me quiera y yo quien no lo haga. O tal vez sí que lo haga, soy así de estúpido, de ciego, de loco, y para entonces sí, para entonces se firme el idilio perfecto que soñó un niño que la vio pura, vestida de inocencia, y la amó.

De momento, he encontrado quien me da más, mucho más, que ella.

Adiós, le digo.

Adiós, te digo, Valencia.

Tal vez vuelva, no lo sé. Pero necesito tiempo y distancia para amarte de nuevo como cuando era un niño que te vio pura, vestida de inocencia, y te amó.

18 jun 2008

Soneto de huida

Y otra vez a cien ruedas sobre España
tras dejar la mitad del corazón
custodiando el andén de la estación
donde suena un repique de espadaña.

Se anunciaba un adiós de telaraña
que pintaba el cristal de una ilusión
con los versos carmín de mi canción
repitiendo el dolor de mi calaña.

Y entre lágrimas gruesas como un puño
una gota de sangre se escurría
y estallaba en papeles sin valor.

Traicionaba la herencia del terruño
al huir por el filo de la vía
de una vida tranquila y sin color.

28 may 2008

Raining Out

"Es que es algo tan triste el color del invierno
sobre los charcos de mi ciudad.
Las calles mojadas brillan mucho y no huelen..."
Juan Pardo (Campos de Remesar)


El tictac de los relojes me desmonta,
y desaparezco por las calles mojadas,
permanezco solamente
en unos labios incendiados y una mano que sostiene un pitillo
el resto de mí es mentira
o no vale la pena.

Me disuelvo entre el humo y no logro ser
ni los rayos de este sol de invierno
ni un retazo de campanas al vuelo
ni siquiera el sueño que creí vivir.

Soy
un latido de reloj,
una palabra perdida en un viejo diccionario,
una patraña que traiciona
las esperanzas que estrellé en los muros del nido
cuando quise echarlo abajo.

Me rebelo contra la ingravidez de mi espíritu,
perdiendo de antemano una vez más,
mientras la ciudad atardece entre el gentío y la lluvia
y mi último cigarrillo naufraga en un charco
que no huele, y si huele,
huele a rana.

Me faltan caladas para ser más yo
y ya nadie me vende un pedazo de mí mismo.

Ya no me queda humo, no me queda sol,
queda un reloj que se lleva mis trozos
con cada tictac de la lluvia en las aceras.

5 may 2008

Chuqueles de Graná (3/3)

Granada, miércoles rojo,
con traje de sevillana,
su bata de cola cae
por las piernas de la Alhambra

Granada luna moruna
Granada cruces cristianas
rumor de sangre califa
en jueves de caña y tapas

revive a García Lorca
riendo versos y lana
y los viernes atardecen
mientras una mora baila.

En sábado el albayzín
viste su blanco de gala
recita poemas árabes
de Boabdil a Soraya.

Y cae la noche nochera
entre el humo y las palabras
van aullando en los andenes
los chuqueles de Granada.

4 may 2008

Chuqueles de Graná (2/3)

Granada nace roja
de sangre abencerraje.
Granada nace alba,
de fachadas de Granada.

Luego, atardece.

Se cubren las alcazabas
de noche que noche nochera,

Y al nevar las primaveras
del algodón que se consume
en crepitar de fuego vándalo,
la ciudad revive en lágrimas finas
las llaves de manos moras,
las llaves de manos blancas,
las llaves de aquellas puertas
que no supieron cerrarse a la luna.

Los almófares vistieron
la luna de luna lunera.

Las cuevas del sacromonte
albergan una candil de albahaca
que aroma la noche mora
de danzas de humo de shisha
y lloros de té caliente
de mil y una noche escritas
en posos plañideros.

Que en la última noche oscura
se marcha la marcha marchita.

Y quedan en la estación
cinco aullidos miserables
de chuqueles de Granada.

Chuqueles de Graná (1/3)

Valencia, Almansa, Albacete,
rumbo al sur bajo la luna
galopando cual jinete
entre campos de aceituna,

atravieso Andalucía
en la noche apuñalada
por el filo de las vías
que unen a las dos Españas.

Fuimos perros sin dueño,
soñadores sin sueño,
ansiosos por quemar
las noches de 'Graná',
aullándole en manada
a la luna ensangrentada,
sueltos por la ciudad,
seis chuqueles sin collar.

Nos sobraron las canciones
al gastarnos las palabras
asustando a los leones
de los patios de la Alhambra,

que gruñían como cerdos
masticando las miradas
para ser buenos recuerdos
de los perros de Granada,

y subidos a la luna
escalando la alcazaba
nos vio la noche moruna
conquistando a las muchachas

que reían primaveras
descubriéndonos el oro
de sacar de las chisteras
sonrisas que son tesoros.

Fuimos perros sin dueño,
soñadores sin sueño,
locos por incordiar
a las gentes del lugar,
aullándole en manada
a la luna encarnizada,
sueltos y sin bozal,
seis chuqueles de 'Graná'.

"Uruguayos", "Gondoliere",
"Who rock bar", "Reventa'ero",
teterías, ¿Qué más quieres?
"telepizza", "El bulero",

Teriyaki, hamburguesa,
carne en salsa, carbonara,
empapados en cerveza,
¡Cuánta tapa por la cara!

"Friky-friky", plaza nueva,
albayzín, "García Lorca",
Sacromonte y las cuevas
que bailaban danzas moras.

Ladrando contra el Olvido,
casanovas con sombrero,
perros viejos convertidos
a la cultura del tapeo.

Fuimos perros sin dueño,
soñadores sin sueño,
ansiosos por quemar
las calles de 'Graná'
aullándole en manada
a la luna encarnizada,
sueltos y sin bozal,
seis chuqueles de 'Graná'.

Y al caer la noche en vela
desveló la madrugada
un adiós de lentejuelas,
tristezas disimuladas...

Repicaron despedidas
campanarios de silencio
al abrirse una herida
entre el grupo y el viajero,

Que quedaron entre andenes
prefiriendo gritar nada,
aullándole a los trenes,
los chuqueles de Granada.

27 abr 2008

Para Valdano, para Bilardo (v 2.0)

(Entrada original)

Para Valdano

La pelota sólo ama a quien la cuida;
Salve al santo Zidane dios del gabacho
y a la extrema unción del catenaccio
del gran Diego y la gracia sin medida.

Para el genio que salva toda herida
de los once centrales del empacho
se va abriendo la cancha hacia lo ancho
y da pases al pie sin ver la vida.

Y en el juego, que no se hunde en el fango
va el rimar de unas botas con la gloria,
¡viva el fútbol a ritmo de un buen tango!

Han citado a un pibe con la Historia
es Jorgito, que va filosofando,
sobre goles, esférico y victoria.

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Para Bilardo

Traicionar la belleza del lunfardo,
con la hartura del simple aburrimiento,
es mentir a los pibes con el cuento
de Clemente y Capello, de Bilardo.

Colocar los porteros a resguardo,
y perder los balones en el viento,
es cerrarle cerrojos al talento,
y ensuciar el escudo del tabardo.

Son las mentes cuadradas sin Redondo,
las que abrancan grilletes en las botas,
y silencian los poetas de Macondo.

El pensar un rival en la pelota,
apoliya a la Doce, que en el fondo
de las gradas, se añapa en la derrota.

15 abr 2008

Anuncio clasificado

Poeta sin pedigrí
vende a un céntimo cada verso
regalando en el anverso
su sabiduría cañí.
Con ínfulas de literato
y chuleta en el zapato
desde Góngora a Martí,
me cisco con dos cojones
en jazmines, corazones,
y en capullos de alhelí.

Canalla con el valor
de perderle los respetos
a romances y sonetos
firma versos al portador.
No me creo lo que escribo,
cobro siempre en efectivo,
en metálico suena mejor,
pero acepto cualquier divisa,
inclusive una sonrisa,
si sonríes con amor.

Vate vago al natural
se vende por unos chavos
como tantos otros esclavos
del santísimo capital.
Sin presencia de un notario
me oferto en solitario
en el mundo digital,
pero sin negar de un socio
que prevea un buen negocio
de perspectiva comercial.

Poeta sin pedigrí,
desastrado, infiel, canalla,
propasado de la raya,
más p'allá que para aquí,
vende a un céntimo cada verso
regalando en el anverso
su sabiduría cañí.
Y si en estas patochadas
hay personas interesadas
interésense por mí.

11 abr 2008

Cielos de noche en rama

Cielos de lunaplata
y seda en rama.
En cada azotea, cien agujas de coser,
que desgarran los harapos
de la asceta oscuridad.

Ha quedado la noche,
llorando y en andrajos,
latiendo lentamente
bajo las costras de mi piel.

Y se escucha un sístole blasfemo,
y un diástole que vende a mano alzada
el color de sombras de los cielos
que nunca quisieron tener amo.

Cielos de noche platinoche
y de pelaje y crin de toro bravo.
Las antenas del tejado no tejieron ningún sueño,
ni luceros a jirones,
en colchones de alcanfor.

Dejaron solamente en una nube
(neblina de vapor de vino tinto)
bordado tu nombre con el humo
que vivía ensuciando mis pulmones,
los mismos que gritaron en la noche
maldiciendo el corazón de tantos cielos.

Cielos de negras nubes
y vapor de agua.
Antes de que acudan nubarrones
y devoren la luna de oro y plata,
subiré a lo más alto de las torres
y amasaré en el cuenco de mis manos
el pedazo más enorme que me quepa
de esta noche de luna en celo
y seda en rama.

Para que no venga luego el firmamento
a teñirse de color de burocracia,
y me quede sin mi cielo de alma-luna
y noche en rama.

5 abr 2008

Tengo

 

 

Vengo volando como el viento,
de extraviarme en mi cerebro
pa’ poderme comprender
Vente a mi lado que te enseño
lo que llevo yo en mi cuerpo
entre el hueso y la piel.

Tengo en la yema de los dedos
los jirones de mis sueños,
embarrando un papel,
tengo escondidos por ahí dentro
cada acento de los versos
que una vez te recité.

Tengo en el pecho cardenales
puñalás de parte a parte
que no dejan de sangrar
tengo en la boca un mar de sangre,
fuego, ruido, miedo y hambre
y una historia que contar

Tengo mentiras y victorias
y hasta el ruido de las olas
que me quiere enamorar
Vente conmigo si estás sola
te hago un hueco en mis historias
y las cuento una vez más.

Tengo enjaulado en las costillas
un dragón de nicotina
aprendiendo aún a rugir.
Tengo las noches de cantina
tatuadas en la esquina
de un papel color marfil.

Dame calor, dame saliva,
si quieres que acaso escriba
unos versos para ti
Que tengo en las venas tinta china
y una foto de Sabina
que me ayuda a escribir.

1 abr 2008

Apartado 20, 08080 Barcelona

Una alondra se estrellaba en los cristales
de un silencio hecho a hielo y hecho a espada,
mientras ibas dibujando con tu carne
un caer de soledades en tu cama.

Se asomaron a tu pecho cardenales
que dolían, más que en cuerpo, en el alma
y escuchaste los bramidos de la sangre
lamentando tus heridas, tus palabras.

Olvidaste la sonrisa de tus labios,
y la mano palma arriba de tu gente,
sin saberte que el olvido no perdona.

Sólo queda la postal que te enviamos
Con dos lágrimas, al apartado veinte,
cero, ocho, cero ochenta, Barcelona.

25 mar 2008

El Último Héroe

Os voy a contar una historia, como hacen los abuelos con sus nietos en la cama, como hacen los bardos que van de aldea en aldea y de posada en posada. Os voy a contar la historia aunque yo no tenga nietos que dormir ni parroquianos que quieran invitarme a una ronda de hidromiel por alegrarles la velada. No. Mis palabras simplemente están destinadas a diluirse en el aire, condenadas a no ser nunca oídas con el mismo sentimiento con que yo las cuento.

En fin... qué más da.

Érase una vez, un niño pequeño, de sonrisa pícara y grandes ojos de un marrón tan oscuro, que parecía negro. Ese niño, como todos los de su edad alrededor del mundo, tenía héroes. Héroes de tinta y de color. Héroes maravillosos que escapaban de las explosiones sin despeinarse un solo cabello. Pero también tenía otro héroe. Un héroe distinto, de carne y hueso, capaz de hacer cosas que nadie más podía hacer y sin superpoderes, sin vista térmica, sin hipervelocidad, sin telas de araña ni telequinesia. Y el niño no entendía porque esos héroes tenían series en la televisión, gozaban de fama y fortuna, y su héroe real, el que le saludaba cada día con una sonrisa, no tenía ni una cosa ni la otra. Pero no le dio importancia. De todas formas, él era pequeño y no entendía el mundo de los mayores.

Pero el tiempo pasa y pasa para todos. Los pájaros cambian sus plumas, los árboles pierden sus hojas, los sabios aprenden de lo que no sabían y los niños crecen. Y cuando los niños crecen, tarde o temprano descubren que han vivido mirando el mundo a través de un velo rosa, y se lo quitan.

Y, aunque lo que ven les asusta, los horroriza, no les gusta, ya no pueden volver a ponerse el velo, que una vez en sus manos, se disuelve y se les escapa entre los dedos, como el agua de un río o la arena de la playa. Y los niños se ven acribillados por sus propias lágrimas, y al gritar de dolor, se encuentran que no son niños, que son hombres. Y comienzan a deshacerse de los héroes; los de tinta china se convierten en garabatos sobre una hoja, los de la pantalla del televisor, en actores contratados... y los de carne y hueso... los de carne y hueso, al desnudarse de la admiración que despertaban, quedan como lo que eran. Hombres normales. Humanos vanidosos y egoístas, hedonistas sin remedio que nadie pondrá nunca en un cómic o en la pantalla del televisor porque no son héroes ni nunca lo fueron.

Pero si el tiempo sigue girando, y los héroes siguen cayendo en el abismo total y destructivo del olvido, llega la peor noticia para el niño que escondemos dentro, el puñal que no atraviesa nuestra carcasa de hombres adultos pero que se clava sin dificultad en la tierna carne de los niños.

Y nos damos cuenta que el hombre a quien una vez admiramos, idolatramos y quisimos emular se ha convertido en todo lo contrario. Que no es digno siquiera del mismo aire que respiras, que no se merece dirigirte la palabra porque tú no serás un héroe pero, definitivamente, él tampoco.

Entonces, sólo queda sacudir la cabeza y pensar que nosotros no cometeremos los mismos errores y que tal vez, sólo tal vez, dentro de unos años, quedará un sitio en las pantallas, o en la esquina superior de la página 43 de un cómic para nosotros, que nunca tuvimos un peinado inmune a una explosión nuclear, ni superfuerza, ni ultra-agilidad. Pero tuvimos un pasado del que aprender, unos errores que no cometer y el deseo, lleno y sincero, de no defraudar a ese niño de sonrisa pícara y grandes ojos de un marrón tan oscuro que parece negro.

Quizá, dentro de muchos años, sonreiremos al recordar porque miraremos al espejo y nos diremos.

"Tú sí. Tú sí que lo has hecho bien. Enhorabuena."

Y seremos el último héroe de carne y hueso de un niño que se quita su velo rosa.